Nos
reimos bastante al hablar de aquel juego que ambos perdimos.
-Eso
me decia para no darle el merito de haberme sacado de aquella sombra
vacia llamada soledad.- Era un juego de “a ver quien se enamora
primero”... nunca supimos quien cayo primero, asi que decidimos
dejarlo asi y pensar que fue obra del universo, otra de sus
innumerables conspiraciones. -En vagas ocaciones tu y yo creabamos
una burbuja- Esas fueron sus palabras, yo recordaba como me enamoraba
improvisadamente de cuando en vez, como en los juegos de azar donde
nunca sabes que pasara.
Yo
no podia dejar de mirar su rostro a contraluz. La vana imagen de su
sonrisa y aquel martes en que decidi robar su aliento con un beso
solo afirmaban que ella y yo no eramos de este mundo despues de todo.
-Tu
eres lo mejor de todos concentrado en uno- Eso fue lo que quedo en mi
al momento de escuchar la descripcion de sus amores pasados, las
cosas que funcionaban y las que no. Yo no podia contenerme, queria
besarla bajo el vestigio de luz de aquella lampara que iluminaba la
cabina de su nave color verde. Ella habia encontrado la forma para
hacer que yo cayera al punto de decir “te amo” cada vez que
pensaba o balbuseaba algo en mi lengua natal.
No
quedaban palabras, empezamos a decirlo todo a besos. No eran besos
por ser besos, eran de esos besos que lo dicen todo, de esos que
puedes escribir como sonetos y aun asi 14 versos quedan cortos.
Besarla era como si besara a mi amada de una vida pasada, nuestros
labios ya eran conocidos, como si desde antes de caer a esta
atmosfera terricola y perder todos nuestros atributos de seres
interestelares ya teniamos un año luz besandonos.
Ella
me sacaba de orbita de cuando en vez -Cuando te beso y me alejo es
como si al besarte me subiera y al apartarme me subiera mas aun-.
Esas fueron las palabras que uso para justificar tal macabra accion
de besar y alejar su boca suavemente tentando mis labios al horizonte
de un nuevo beso que me trajera de nuevo a esta orbita. Sus manos
tocando mi rostro y la piel que me toco habitar hacian que yo
temblara provocado por aquel deseo reprimido de besarla hasta que se
apaguen todas las estrellas.
Ricardo
M. Jimenez
(un lunatico)