Tú preguntas como siempre que te he hecho,
Yo.
Yo no tengo esas respuestas pero me he sentado a escribirte.
Solo sé que no tuve que explicarte porque estuve tan perdido así como no tuviste que explicarme porque no podías mirarme a los ojos.
Sé que te pasaba lo mismo, eran los mismos nervios y quizás la misma duda, los mismos porqués y quizás las mismas ganas que tengo yo de morir y despertar en tus brazos.
No tenía que decirte porque me costaba tanto no mirarte a los ojos si ellos de antemano ya eran tan bellos, tan perfectos.
Ellos son ese intervalo perfecto entre miel y café, un toque dulce que esconde todos los amargos trazos de una vida en esa prisión de carne y huesos.
Se que no tendré que decirte porque me cómo tanto las uñas, porqué le tengo tanto miedo al mañana y porque quisiera vivir mi presente agarrado de tus manos.
Porque se quizás en algún momento has sentido lo mismo. En algún momento has sentido las mismas ganas de que todo cese, de que el dolor se termine y de que puedas ser tu.
Y yo.
Yo soy otra historia,
Soy quizá el líder de los corazones rotos, quizás un alma perdida que ahora culpa al creador por no haberme puesto en tus caminos antes, aunque quizas anduvimos muy cerca uno del otro sin saber porque sufriamos.
Quiero decirte que estás ganas de escribirte le han traído un respiro dulce a este quebrantado corazón.
Dulce como esa primera bocanada de aire luego de ahogarnos tanto, yo naufragué incontables veces Buscandote, buscandote entre quimeras, entre besos humanos y sin otro remedio más que encontrarte en esas poesías que desde antes ya eran tuyas.
Te pido que no te dejes caer, pero si te caes avísame. Para yo caer contigo.
Ricardo M. Jiménez.
28/02/2017