sábado, 25 de febrero de 2017

Y por fin nos besamos...

Y por fin nos besamos;
Yo no sabía cómo contener las dudas de mi boca y la suya, 
No sabía cómo convertir en un beso todos los nervios o como responderle a las suaves caricias de sus manos, a la dulce mirada de sus ojos. . .

—Cuando eres un lunático estás son las cosas que nos hacen perder la cabeza. 
Esos ojos son la razón de muchas noches a la deriva escribiéndole sin aún conocerle.—

Era viernes,
estuvimos horas hablando, 
sumergidos en nervios, 
esquivando nuestras propias miradas para tratar de no sucumbir a aquel silencio enigmático llamado beso.

Ella comenzó por acercarse, 
yo me acerqué, 
pero la forma en la que ella encajó conmigo no tiene descripción alguna, 
era como si hasta mis manos estuvieran hechas para ella.

Y tocó mi cuello...
Una vez más yo no sabía que hacer, 
que decir, 
cómo actuar y como ocultar esa cara de idiota que dibujo en mi mientras ella estaba cerca, 
tan cerca que ya había dejado de verla con dos ojos y ahora tenía solo uno, 
cómo una cíclope.

De nuevo debía buscar que decir y decidí enfocarme en el gato que pasaba por allí porque si decía algo más quizás terminaba lanzando mis límites por la borda.

Ella hablo 3 veces, 
pero no le entendí, 
estaba demasiado ensordecido por todo a mi alrededor, 
cómo si su cercanía me desarmara.

Entonces es como que ya quiero que sea de nuevo la hora de verla y de que ella me toque con sus manos la espalda de nuevo mientras yo vuelvo otra vez a desarmarme y a morir lentamente hasta que me reviva el toque de sus labios en mis labios.
Ricardo M. Jiménez
25/02/2017

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