jueves, 23 de febrero de 2017

Sefiní

Entonces después de varios desaciertos me doy cuenta de que de amor no se muere.

De que podría vivir constantemente en ese vaivén de emociones que me abrazan y me dejan completamente desmenuzado ante ese humano concepto de amar.

Podría vivir lanzándome de precipicios, tropezando con piedras, estrallandome con paredes una más hermosa que la otra solo para ver qué pasa, que me pasa y en que me podría convertir.

Quizás estoy tan roto que ya soy irremediablemente romántico ante el hecho de enamorarme una y otra vez de una falda nueva, de unos ojos nuevos, de una sonrisa y me atrevo a decir que hasta de una lágrima.

Después de varios desaciertos me he convertido en el más bohemio de los románticos que viven por amor y escriben por la falta de el, manteniendo así el círculo vicioso de te amo, te extraño y luego te odio hasta que vuelva a enamorarme de nuevo de otra falda quizás más corta que la otra.

Sin escatimar esfuerzos, sin dar besos que sean besos o miradas que dejen ver otra cosa que no soy.

Sin perder el tiempo, sin ahorrarme versos, sin ahorrar acordes o melodías para cantarle todos los días al amor de mis amores o a la Triste soledad que le precede al síndrome de abstinencia después del amor.

Sin necesidad de resacas morales, de cuestionamientos propios, más bien con el deseo de trascender y volver a enamorarme otra vez de una falda aún más corta que la anterior.

No será como sentarme en aquel burdel de mala muerte en donde oliverio encontró a la que vuela y luego cayó tan alto.

"Sefiní."

Sería más como despedirme día tras día y amar todas las noches como si no hubiera un amanecer que le pusiera fin a cada poema que podría escribir entre los besos que quizás tendré o las veces que también me romperé.

Ricardo M. Jiménez
23/02/2017

No hay comentarios:

Publicar un comentario