Yo era de esos que esperaban, que se pasaban la vida sin buscar.
Yo solo caminaba.
Ella era de las que se dejaban de encontrar, de esas que no existen.
Yo solo caminaba.
Tomaba una taza de café una tarde de diciembre,
me encontré con el reflejo de mis expectativas hecho carne,
encontré mi amor imposible, como el de los cuentos.
Encontré mi maga.
Decidí no hacer nada y terminar mi taza de café y mi cigarrillo,
-Después de todo se donde terminaras- Decía mi cabeza.
La deje pasar, yo tan preso, tan cerrado, tan rígido, tan cuadrado..
¿Como iba yo a ser el punto que rompiera con las lineas libres de sus labios?
Ella paso, tan libre, tan abierta, tan suelta, tan peligrosa para mi rigidez..
¿Como iba a ser ella la persona que me libere de esta prisión?
Ella paso, yo la deje pasar.
yo solo caminaba, no aprendí a hacer otra cosa.
La deje pasar por miedo a encontrarme en ella,
yo solo caminaba, no aprendí a hacer otra cosa..
Yo me quede con la incertidumbre de no saber,
con el hambre de su boca y con el temor a caer por su partida.
Ella no tuvo nada que perder, siguió su camino, no la detuve.
Ella no sabrá siquiera que soy un cobarde y que la deje pasar.
Termine mi café, encendí otro cigarrillo.
Yo era de esos que esperaban, que se pasaban la vida sin buscar.
Yo solo caminaba.
Ella era de las que se dejaban de encontrar, de esas que de vez en cuando existen.
Yo solo caminaba y la deje pasar.
Ricardo M. Jimenez
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