De la nada han vuelto desaparecer las paredes que marginaban mis sentidos.
Vi como caía el muro de hueso entre mis ''yo'',
vi como se alejan las tentaciones de caer en la hermosa idea de asfixiarme en mi propio cuerpo,
así se encuentran las ganas de vivir -dijo la poeta sonriendo-
Me senté a leer mis pasos, a ver como he caído pocas veces en el barco del amor,
sonriendo a diario y viviendo la nostalgia de unos besos que nunca se vuelven a dar
y yo viendo en ella la satisfacción que surge de saber que se hizo lo mejor
y entendiendo poco a poco eso de crecer.
La poeta nunca conocerá a alguien como yo -dije enfermamente-
Mi corazón se salto dos latidos cuando vi que se apago su sonrisa,
vi como palideció su rostro conforme bajaba su aura.
yo no puedo hacer nada sin hacer o hacerme daño -pensé-
Aveces al mirarte recuerdo lo que es estar presa -dijo la poeta con sus ojos cerrados-
-Abrió los ojos y siguió sonriendo- porque al sonreír se rompen las cadenas -decía ella-
Trague mis estúpidas palabras limpiando sus lagrimas con un abrazo.
Después de todo ella era parte de mi, casi mi amada, mas que mi amiga.
Entendí que todos nosotros tenemos nuestras propias prisiones
limitaciones que nos hacen herir, herirnos o dejar de vivir.
La poeta seguía siendo parte de mi, a pesar de mis liberticidas palabras,
palabras que denotan miedo y carencias.
La poeta es en mi la vaga ilusión de que el amor existe.
Soy parte de ella, de sus ilusiones, de sus deseos.
soy su amigo y aun no la conozco, espero que vuelva a mi vida.
Asi encontrare mis ganas en sus ganas de vivir.
Ricardo M. Jimenez
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