Era tarde, era domingo, estuvo lloviendo todo el día.
Era una tarde de domingo después de todo,
llovía como cuando dejamos de creer que el amor existe.
Llovía como en las despedidas, como en los cuentos,
en los finales infelices y en las noches en las que siempre termino solo.
Mas yo seguía siendo el mismo,
el mismo lunático reincidente en las mismas locuras,
el único que cree que el amor existe.
el único con fé en un barco sin esperanza.
Yo solo recordaba aquella chica de la zona,
aquel amor anónimo que se cruzo en mi camino,
una Eva sin nombre que solo decía
Haciendo alusión a que solo se vive una vez.
Yo seguía buscándola, buscando sus ojos, su sonrisa, su voz.
Encontrar vestigios de su boca en algún beso,
o encontrar su calor en otras manos.
Sabes que si-dijo con una sonrisa de esas que mienten-"
Después de todo yo no buscaba una mujer,
buscaba el amor que estaba bajo su piel,
Ella era el amor, lo que me falta,
No un amor externo, sino un amor propio que no tengo.
Ella se fue, pero se quedó.
No se cuantas veces he tenido que remar hasta la orilla,
No se cuantas veces ha naufragado este barco,
esta vela se ha rasgado tantas veces que ya no caben mas suturas.
Me hacia falta encontrarme con sus ojos cafés ,
un abrazo de esos que no te dejan ir,
uno de esos adiós que significan quédate,
y una de esas aventuras resumidas en un beso.
Esa noche lluviosa de domingo la encontré.
pero yo sé que un día dejaré de remar,
y he de mirar el mundo como si fuera mío,
y romperé los remos en la orilla del mar..."
Ricardo M. Jimenez
26/08/2014
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