Podría pasarme la vida hablando de ella, hablando de sus fotos y de la hermosa coexistencia de la luz y su propia oscuridad, de como sus sombras cada día se vuelven más claras, más propias, de como ella se encuentra a si misma, a su cuerpo, a su baile, de como en sus fotos se convierte en una musa.
Pero prefería pasarme las noches escribiendo sobre cómo podría morir en silencio con la duda de sus ojos, de sus besos, de su olor, de su piel, de su susurro, de sus brazos, con el avistamiento de la luna en su cuerpo, de sus lunares, de las canciones que aún no escribo.
Con el miedo de despertar y verla, de no conocerme, de no saber quién soy. Podría despertar con la resaca de haberme perdido en su prisión con la liberticida idea de que ella es como yo, un romántico empedernido, un amante anónimo, un lunático.
Ricardo M. Jiménez
14/01/17
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