Era cierto, no había forma de salir del hoyo en el que nos metimos esa noche. Después del primer beso terminas empeñando tu alma al diablo,o a sus labios en todo caso; porque ella,llevaba todo un infierno en sus ojos.
Después de varios días de haber perdido mi alma por un roce ínfimo de sus labios entendí lo que se llama ser esclavo de la piel.
No me arrepiento, nosotros, los malaventurados no lloramos por haber jodido nuestra completa existencia.
Solté una enfermedad,
le puse su nombre,
pinte sus ojos en la pared,
y me senté a esperar que el naufragio terminara de asentarse en el fondo.
-“Siempre quise ser pirata.”
Recuerdo que antes de abrir los ojos me soñé navegante y aventurero de la mano del mar y siguiendo la Luna hasta llegar al borde para lanzarme por el precipicio.
A ella siempre le parecieron estúpidos estos deseos de destruirme que llevo tan arraigados al corazón, estas ansias de una muerte romántica.
Lanzarme a la tempestad no parece una mala idea después de haber perdido mi alma.
- Y que sea ella quien dispare la misma bala que me regaló después de aquel beso en la frente.
Después de todo un pirata siempre está dispuesto a darlo todo por su tesoro.
Que me mate,
que ya se me fue el alma,
que ya he perdido todo después del naufragio,
y que si no me matas, yo,
malaventurado al fin,
tendré que saltar.
Ricardo M. Jimenez
06/02/2017
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